CONSEJOS PARA DISEÑADORES GRAFICOS EN CUANTO A LA PROPIEDAD INTELECTUAL

17 diciembre, 2016

“Una imagen vale más que mil palabras”.

Y bajo este lema el trabajo de miles de diseñadores gráficos adquiere la real importancia que muchas veces no se reconoce justamente. Ya sea por falta de conocimientos legales, por plagios o malas negociaciones, sería conveniente evitar que los reconocimientos de autoría y económicos de los diseños artísticos queden en manos equivocadas.

Es por eso que a continuación, queremos enumerar 10 consejos o recomendaciones para que los diseñadores gráficos tengan los conocimientos fundamentales para obtener los derechos sobre sus trabajos artísticos y así obtener las recompensas derivadas de estos.

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1. Conocer las leyes que amparan el uso y propiedad intelectual de sus creaciones artísticas y los respectivos derechos derivados de estas.

Para la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) la expresión propiedad intelectual engloba tanto los derechos de propiedad industrial (marcas, patentes, diseño industrial, denominaciones de origen) como los derechos de propiedad intelectual (derechos de autor y derechos afines)

La propiedad Industrial es un conjunto de derechos que puede poseer una persona física o jurídica sobre una invención (patente, modelo de utilidad, productos fitosanitarios), un diseño industrial, un signo distintivo (marca o nombre comercial), etc. Otorga dos tipos de derechos: en primer lugar el derecho a utilizar la invención, diseño o signo distintivo, y en segundo lugar el derecho a prohibir que un tercero lo haga.

La Ley de Propiedad Intelectual (LPI) en su artículo 10 señala que son objeto de protección “todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible”. Así, para que una obra sea objeto del derecho de autor ha de ser una creación original.

 

2. Saber que los derechos de autor son los derechos morales y patrimoniales que la ley concede a los creadores sobre sus obras literarias y artísticas.

Las obras que abarca el derecho de autor van desde los libros, la música, la pintura, la escultura y las películas hasta los programas informáticos, las bases de datos, las publicidades, los mapas y los dibujos técnicos.

Enfocándonos en el caso de los diseñadores gráficos y la problemática que enfrentan en el tema de la propiedad de sus creaciones, analizamos el tema de los logotipos por ser especialmente relevante su enorme trascendencia en la comercialización de productos y servicios y por tanto generarse conflictos entre autor y cliente.

“Los logotipos son pequeñas obras artísticas cuya función es comunicar un mensaje y unos valores determinados a través de una imagen gráfica aparentemente sencilla. Es aquí dónde mejor se puede apreciar la labor creativa de los diseñadores gráficos pues deben conjugar la función comunicativa del logotipo -la comunicación de un mensaje- con una agradable imagen estética que resulte atractiva y fácil de recordar para el público. Así pues, los logotipos -cuanto menos- deben considerarse como obras menores. Al mismo tiempo, pese a recibir el calificativo de obras menores, no se debe ignorar el hecho de que no han sido pocos los logotipos que por su diseño e importancia se han convertido en verdaderos iconos de diseño y expresión artística contemporánea (ej: la marca de Nike o la manzana de Apple)”

No cabe duda que los logotipos, si son novedosos, deben considerarse creaciones originales y por lo tanto ser objetos de propiedad intelectual.

 

3. Proteger sus creaciones artísticas y obras mediante su inscripción en el Registro de la Propiedad Intelectual.

El procedimiento de registro es relativamente sencillo y no es muy costoso, y si la obra ha sido creada por encargo, se recomienda registrarla antes de ser entregada al cliente.

Aunque los derechos de autor nacen en el momento de la creación de la obra, su registro es el medio de protección y de prueba de los derechos. Así al registrar su obra, esta queda amparada por la ley de Marcas que ofrece al diseñador una potente herramienta de protección frente a plagiadores y clientes que se resisten a pagar pero utilizan el logotipo sin ningún tipo de pudor.

En esta ley se señala que no podrán registrarse como marca sin la debida autorización los signos que reproduzcan, imiten o transformen creaciones protegidas por un derecho de autor. Pues bien, si el diseñador ha registrado su creación en el Registro de la Propiedad Intelectual podrá impedir que otros registren su creación como marca y la puedan usar en el mercado.

 

4. Hacer valer su derecho de exigir el respeto a la integridad de su obra y poder oponerse a cualquier transformación o deformación que sobre la misma se realice. Esto, aunque hubiera cedido todos los derechos de autor.

 

5. Es fundamental suscribir un contrato con el cliente que encarga un trabajo. Un contrato, en el cual se establezcan las disposiciones que regularán las cesiones de derechos de explotación por parte del autor a favor de quién le hace el encargo.

 

6. En cuanto a las disposiciones relativas a las cesiones, éstas deberán determinar los usos de explotación (por ejemplo, reproducción), así como el tiempo que dura la cesión y el ámbito; y lo más importante, hay que determinar la contraprestación económica que recibe el diseñador gráfico por la cesión efectuada y esto con independientemente de la otra contraprestación u honorarios que se percibe por la realización del trabajo.

 

7. Tener claro quién es el autor de una obra.

Se considera autor a la persona natural que aparece como tal en la obra. En algunos casos previstos por la ley las personas jurídicas pueden tener algunos derechos económicos de propiedad intelectual. En las obras en colaboración los derechos pertenecen a todos los autores, sin embargo en las obras colectivas corresponden a la persona bajo cuya iniciativa y coordinación se edita y divulga la obra.

 

8. Saber que los derechos de explotación son los derechos de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación.

 

9. Reconocer que los derechos de explotación corresponden exclusivamente al autor y no pueden ser realizados sin su autorización, salvo en los casos previstos en la ley.

 

10. Tener en cuenta el derecho a prohibir (ius prohibendi).

Es la parte más destacada de la propiedad industrial y permite al titular el derecho el solicitar el pago de una licencia. Posee límites temporales, pues casi todos los derechos de propiedad industrial tienen una duración máxima, y territoriales pues sólo tienen validez en el territorio donde se han concedido (normalmente, pero no exclusivamente, un país).

Otros límites al derecho de prohibir son el agotamiento del derecho, por el cual una vez comercializado con permiso del titular o habiendo cobrado la indemnización no se puede impedir la posterior venta; el uso con fines experimentales y no comerciales, la entrada temporal en el país de un medio de locomoción matriculado en el extranjero, etc.

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